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| L'escola Lluís Vives, l'Escolaica, inaugurada l'any 1905 |
~ Al nostre poble, on inicialment havia començat una vaga jornalera com les que es donaren a altres pobles del País Valencià, la cosa anà a més quan el jutge encarregat de d'ajusticiar la gent que li devia devoció, s'envalentonà per a aquetar-la amb un mètode tan poc adequat com l'ús de la força opressiva i de la por dirigida. La mort del jutge Jacobo López de Rueda, entre altres, la varen adjudicar al poble sencer, fins al punt que s'indultaren totes i cadascuna de les penes a mort establertes després d'usar mètodes poc democràtics d'obtenció d'opinió i de fonts d'informació. La història d'estos hòmens de la Ribera és apassionant.
~ Hui a Cullera no s'ha fet cap acte institucional que reivindique esclariments sobre els fets. Però el poble, lliurement, seguix parlant, opinant i treballant. L'associació Cullera Laica s'ha interessat per aportar el seu granet d'arena i anuncia l'edició del llibre Cullera 1911: els Successos i l'educació laica, on diversos autors han estudiat i recollit veus d'aquells anys de penúries que lluny de ser ofegades, intentaren eixir a la llum i fer palés el que allí realment va ocórrer. Ací teniu un caramelet de l'època per anar fent boca, el fragment del poema autobiogràfic de Lambert Olivert Arlandis (1860-1937) publicat en la revista Sucrona del 14 d'octubre de l'any 1933 (pàgines 3 i 4):
De mi poema El Consejo de las Hadas
Juan Villarroya Corral
Muy poco tiempo despuésde morir Juan Villarroyavíctima de una parálisisde su cuerpo roedora,Rim-Ram, su hermano político,teniéndolo en la memoria,perpetuar se propusoalgún rasgo digno de honrade aquel hombretón fornidocomo pedestal de roca;pero de corazon blando,con sencillez de paloma,lleno el pecho de noblezay un alma muy generosa.De lo que escribió Rim-Ram,referente a Villarroya,en el relato que siguevá una verídica copia.
El diez y ocho de Septiembrede mil novecientos once,era lunes, San Lamberto,y dia de sensaciones.En la ciudad de Cullera,con conatos de desórden,hubo huelga, y tras la huelga,miles de trabajadores,ilusos, se amotinaroncomo en otras poblaciones,gritando: ¡Abajo la guerrade Melilla!.. Aquellos pobres,revolucionariamente,fueron del pueblo señores.El juez de Sueca vinoa restablecer el órden:¡ojalá nunca vinieraDon Jacobo Rueda López!Venía en una galera,disparando su revólver,aprisionó con durezaen la vía algunos hombres;y en la calle de Valenciapoco después de las docese armó la de Dios es Cristoentre el juez y vários jóvenes.Los presos de la galeraescapáronse veloces;el alguacil perseguidopor una calleja corre;una pedrada le hiere;nadando el rio transpone;y cuando se cree a salvo,acuden allí ferocesunos cuantos desalmadosque fin a su vida ponen.Le registran los bolsillos,les despojan del reloje,le atan una soga al cuelloy arrastrándole hasta el bordedel rio, en él lo arrojaronaquellas almas de roble.El juez, con el escribano,muy violento dirigióse,al correr de la galeraque sigue gentío enorme,a la casa Ayuntamiento:pero poco antes salióleJuan Villarroya a su encuentrodiciéndole estas razones:«Señor juez, por esta callela ciudad pronto abandone:¿adonde vá usté sin fuerzasque le protejan?... ¿Adonde?El juez sin hacerle casoni el consejo agradecióley se metió en la loberaque hace a los lobos traidores.No obstante, Juan, a su ladoen su guardian convirtióse,parando cara sin armasa mas de doscientos hombres,unos buenos, otros malos,que rujiendo cual leones,trás el juez subir queríany echarlo por los balcones.Todavía el juez intentaponer en las masas órden;pero yá en la plaza públicasus palabras se desoyen:la multitud inconscientedemandaba a grandes vocessu cabeza; y conociendoel neurasténico Lópezque era tarde para irse,como Juan aconsejóle,hizo de un salón trincheray entre mesas ocultóse.Rotas del salón las puertasrecibió la mar de golpes,hasta que al fin, un hachazo,le partió en dos el cogote.De este suceso sangrientose hizo lenguas todo el orbe:¿quien no dijo de Culleramil crueldades y horrores?Llamósela inculta, bárbara,y cayeron como bloquessobre sus lares humildesblasfemias y maldiciones.Cullera sufrió la afrentade autoridades innoblesque desmandadas llenaronlas cárceles y prisiones,como a porrazo de ciego,de justos y pecadores.Hubo amenazas, vergajos,infinitas detenciones:nadie dormía tranquilo:a deshora de la nochela guardia civil rondaba:a veces un picaportese abría y al cuartelilloera conducido un hombre.También a Juan Villarroyase llamó a declaracionespor ser presencial testigode crímenes tan enormes;y él, que merecía un premioy toda clase de honores,lo maltrataron de modoque su sangre desde entonces,paralizada en las venasel corazón desgarróle.Aún así vivió trece años,cuidado por su Dolores,digna compañera suyaque jamás abandonóle.
Cuando esto escribió Rim-Ram,a su Hada se lo leyóy muy bien le pareciólo escrito en honor de Juan.Hablaron de los sucesosocurridos en Cullera,y ella dijo: “Como esossiempre los hubo doquiera.No te extrañe ni te asombrelo sucedido; pues ello,aunque triste, acusa el sellode la barabarie del hombre.En el libro del destinotodo se depurará,y tu ciudad volverámas gloriosa al buen camino.Hacer justicia imparcialmisión de los jueces es:Don Jacobo, como juez,obró en Cullera muy mal.Poco antes de los sucesosfué siervo del caciquismo,así preparóse él mismola rotura de sus huesos.No existe ningún efectosin causa reconocida:obrara el juez mas correctoy no perdiera la vida.España es una naciónque regenerarse ansía,y la misma monarquíahará la revolución.Cuando pasen veinte añosel rey se irá del paisy la pátria sin engañosdichosa será y feliz.Dicho esto, la viejecita,besó a Rim-Ram en la frente,y se alejó sonrienteconvertida en palomita.
Lamberto Olivert




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